Escudero


Voy dibujando círculos con movimientos de muñeca fútiles, porque no sirven para nada más que eso, para hacer círculos carentes de sentido. Una vuelta tras otra hasta recordar que he vuelto a partir desde el mismo punto anterior y me pierdo en el lienzo de nuevo. Estoy tan seguro de que necesito soltar el pincel, que si el rescate significa morir, estoy seguro de la muerte, seguro hasta calar hondo en el filo de la hoz, seguro hasta gritar "estoy vivo" a plena voz.

Pero al entreabrir mis labios no sale sonido alguno. Solo hay silencio, un silencio que retumba en mi cabeza como una pesadilla que parece repetirse cada noche. Aunque no sepa ponerles nombres, mis pesadillas tienen rostro y apellidos.

Imagino entonces que soy un escudero. Que ese escudero no necesita otra cosa que su escudo, su lanza y su armadura, que en mi caso va a ser blanca porque así lo deseo. Entonces me creo mi propia historia, donde este escudero se enamora de un frágil hombre, esbelto, alto, bello, cálido, incapaz de defenderse por sí mismo del mundo. Y yo, que ahora soy el escudero, le protejo, le guío, me aferro a él como a mi propia lanza y nuestro amor se resuelve como inquebrantable.

Pero de repente la tinta con la que he dibujado todos estos pensamientos se turbia porque ha empezado a llover. La lluvia, que es símbolo de vida, de cambio y de realidad, se ha llevado todas mis fantasías. Y solo sobrevive en el lienzo de mi memoria un escudero sin arma, sin escudo y sin armadura. También sin protegido...

No se narrar de nuevo esta historia, se ha borrado, se la ha llevado la cruel lluvia de realidades.

El escudero protege a su amado con su vida, con su arma y con su escudo. Pero si el escudero pierde las armas, la armadura y aquél amado a quien proteger... ¿Quién protege al escudero?

1 Corazonadas:

Pablo Alonso dijo...

Buah, Alberto. No puedo decir nada más. Éste ha sido increíble, y la frase final me ha matado.