Paso a paso








No es que me haya tocado la mejor parte, pero admito que la peor se la han llevado otros muchos. Sonreír continúa siendo una virtud que no estoy seguro de tener, al menos, de tener sinceramente. Me llevo la mayor parte del tiempo sentado mirando la vida pasar. Aunque eso no es lo peor. Lo peor es que veo también a la gente pasar persiguiendo sus sueños. Consiguiendo sus metas. Apoyándose los unos y los otros.

Pero yo sigo sentado allí, viéndolos pasar a todos. El escalón del primer portal de la calle me ha parecido el mejor sitio para contemplarlos. Puede que allí siga siendo simplemente yo, pero me siento mas seguro. Entonces saco el último cigarro de un paquete de recuerdos. Me pregunto y repito mil veces si seré capaz de superar mis obstáculos, yo, yo, y después yo. No es afán de considerarme diferente, es quizás la realidad del espectador.

Ellos actúan, pero yo solo puedo contemplarles. Como el mejor de los actores en su papel más simple, allí estoy, sin un gran papel pero con una gran interpretación.

Entonces planteo la mención especial a todos aquellos personajes que han pasado por mi trama personal. Les dedico mi más sincera gratitud por hacer de mí lo que soy, los culpo por relegarme una carga tan pesada como inmerecida. O quizás si es un buen premio.
El mayor de los tesoros que hayan podido darme es justamente reconocerme. Mirarme en el cristal sucio de aquél portal en la calle y saber que, después de todo, sigo siendo yo.

Porque aquellos actores a los que veo pasar lo han olvidado. Algunos quizás lo recuerdan vagamente. Pero mi papel, simple como es, hace que siempre lo tenga presente.

Así que allí me quedo. Encendiendo el último cigarro. Y puede que deje de fumar después de esto.

Allá lejos








¿Qué es el abandono? Me preguntaba

Bajo un cielo gris de entremes, veía el reflejo de lo que había sido y lo que era ahora. Parecía que te tenía en frente, pero solo estabas en mi mente, allí sentado, junto a mí, repitiendo una vez más aquél "te quiero" de pulmón.

Aunque aquella silla estaba vacía, las cortinas sucias, y la copa usada. El interior de una casa completamente derruida, donde posiblemente hubieramos vivido eternamente. Plantando rosas blancas en un jardín remoto, donde nadie pudiera molestarnos.

Pero nos encontraron demasiado pronto como para poder decorar aquél páramo a nuestro gusto.
Y ahora que lo pienso, la montaña nunca llegó a gustarme. Los días lluviosos siempre me ponen triste, y de vez en cuando echo de menos el tumulto de la gran ciudad.

Sin duda, nos encontraron a tiempo.

Ahora no estaba sentado en una silla de mimbre cerca de un jardín silvestre. Ahora estaba simplemente en un bar. Uno con las cortinas muy sucias, delante de una copa usada.

Qué recuerdos. No hace falta irse a la montaña. En todos sitios encontramos grandes farsas.