Y de repente todo se apaga. Dejas de pensar. La habitación se torna en blanco. Empiezas a describir círculos con los dedos de las manos. Abres los ojos. Y e voilá... Todo ha cambiado.

Pasas de pensar que hay alguien para tí a pensar que el epicentro de tu vida eres tú mismo. De soñar con un abrazo a desear que los únicos brazos que te toquen sean los de tus familiares, amigos, y los tuyos propios cuando te estás bañando. De rezar por un futuro de dos, a anhelar y proyectar un futuro reforzado en la independencia. De creer que el idilio se fundamenta en alguien que te sostiene, a tener la certeza de que el mejor sistema para sostenerse es columpiarse bien fuerte, haciendo fuerza con los pies, sin nadie que te empuje, en el balancín de la vida.

En el fondo, ya no necesito una mitad paralela. Alrededor hay todavía algunas personas durmiendo y soñando. Tienen unas caras tan entrañables que a veces... Incluso yo querría dormir de nuevo.

Vitalice mode

Desde todas las perspectivas posibles solo hay un epicentro considerable. Nosotros mismos. Aunque a veces hay espejismos dignos de mención. Sombras que se autocalifican personas de gran corazón y animosa mentalidad, positivas, egocéntricas en su justa medida, e incluso un poco épicas.

Aunque lo único épico en toda su parafernalia de virtudes es la vanalidad.

De un momento a otro creo que me convertiré en asperges (puede que tomándome literalmente todo lo que escuche los comprenda), si es que el síndrome me lo permite sin volverme del todo loco.

La cuestión, aunque no venga a cuento, es que yo quería un coche, pero debo usar la cabeza. Si me compro el coche no podré vivir holgadamente. Aunque si observamos los requisitos de un buen trabajo podremos leer alto y claro "indispensable coche para posible traslado"... Curioso, el cuento del pez que se muerde la cola mueve al mundo.

Aunque a mi solo me mueve la codicia humana... Yo tendría que haber estudiado política, porque mi amor platónico se llama "sueldo vitalicio"