Bordado de Pasiones



Bordado de pasiones

Colgados en la pared de su llanto

Estaban la virtuosa conciencia,

La modélica cordura,

El resentido destino,

La palabrería,

Las gracias de última hora,

El deseo más pasional,

La frivolidad más creíble,

Estabas tú,

Estaba él,

Estaban todos juntos,

Estaba el río donde una vez reía, Y aquél café donde cayeron sus lágrimas,

Estaba el amor de niño,

El amor adolescente,

El amor semiadulto,

El hombre ideal,

Su soltería más déspota...

Estaba solo ante aquella pared, imaginándose de nuevo que alguien le comprendía, que alguien miraba sus ojos y sabía lo que sentía, sin palabras, con el más tonto de los gestos. Estaban allí sus mejores amigos, los que dijeron “para siempre” y se quedaron. Allí estaba él, ante un mural bordado de pasiones imaginarias.



Errante


Hacernos fuertes. Solitarios. Decisivos. Errantes. Borrosos. Sin sueños.

Olvidarnos de todo y ser conscientes de una verdad más sencilla, que bloquee nuestras emociones a tal punto que nada nos haga daño... Y darnos cuenta, después de todo, de que aquello que nos hacía llorar, también era más hermoso. De que siendo ahora conscientes y poco vulnerables, no somos del todo felices.

Por ello os he de agradecer, ahora que probablemente esteis dormidos, haberme recordado esto mismo. Haberme hecho sentir miedo al pensar que no estaríais. Haberme enamorado en muchos sentidos. Haberme escuchado, haber apoyado (Casi siempre) mis locuras. Incluso os debo mi parte de la herencia "Pollawell".

Y yo, como "Pruta", estoy orgulloso de tener amigos como vosotros.

Os quiero entre risas, en los momentos más duros, y sobretodo, siempre.

(Y si me faltais algún día os mandaré telequineticamente a las lomas de mi coño)

No seré errante infelíz. Puede que nunca sea del todo felíz, pero a vosotros os debo ya una parte de mi presente, de mi inconformismo, de mi demencia, de mi poesía, y sobretodo, de mi cariño.

CAPITULO 1- “Z.O.A”

Era noche cerrada, una noche que cobijaba sus orgullosas sombras entre los callejones de algún triste y maloliente suburbio a las afueras de una contaminada ciudad. Bajo algunos farolillos delimitados en la penumbra, el traqueteo seguido de un portazo metálico acababa con el silencio nocturno, y tras este un chico de unos veintidós años salía despedido, como alma que lleva el diablo, o más bien, que es perseguida por el diablo a través de la noche.

Su pelo era negro, sus facciones llenas de inocencia, y sus ropas oscuras, como sus ojos. La tez de su piel era pálida, de un pálido enfermizo. Sin embargo la vitalidad de sus pies, que ahora lo alejaban de aquél callejón solitario, denotaba el contraste con la fragilidad de su cuerpo, menudo y delicado.

A la izquierda, después a la derecha, y finalmente izquierda de nuevo. Parecía trazar una trayectoria llena de impulso, donde cada nuevo esquinazo pretendía dejar atrás algo o a alguien que, sin embargo, no parecía seguirle realmente. Nada había tras él, nada que al menos alguien humano pudiera ver.

De pronto, un nuevo esquinazo a la derecha, tras lo que su cabeza chocó con algo recio y duro. Después una mano borrosa.

- - ¿Estás bien?

El sonido era claro, mas al clavar sus ojos en aquél hombre, el rostro y todo su cuerpo era un enigma emborronado. Sabía que era un hombre, por supuesto, pues la voz no era de una mujer ni mucho menos. Lo que realmente llamó la atención del caballero no fue aquél encuentro, sino los ojos del muchacho.

- - Dios mío... ¿Qué te ha ocurrido? Tus pupilas...

- - Mis ojos...- dejó escapar el muchacho con un hilo de voz.

Su voz era igual de delicada que su cuerpo, igual que sus gestos pese al nerviosismo de sus movimientos. Lo que realmente ocurría era que aquellos ojos oscuros parecían salirse de sus órbitas, y sus pupilas eran tan anchas que no le permitían ver con normalidad. Fuera lo que fuese, aquél hombre lo vio, y por algún motivo hizo que se preocupase por aquél muchacho totalmente desconocido para él.

- - Ven.- dijo el hombre tendiéndole la mano.

El muchacho tanteó al aire un instante hasta que el hombre tomó su mano y después lo aupó en brazos.

A decir verdad, aquél muchacho no había estado corriendo porque viera por donde iba, sino porque conocía a la perfección aquellas calles. No era la primera vez que las recorría, aunque no sabía ni recordaba por qué sabía surcarlas con tanta precisión. En manos de un total desconocido era capaz de sentirse a salvo, y entonces cerró los ojos. Pronto el efecto de lo que probablemente fuera una droga hizo que perdiera la conciencia.

Pero... ¿Quién era ese hombre que ahora lo llevaba en brazos? Y aún más... ¿Quién era él mismo?

¿Ah si?







Ya no hay miedo....

[Yo seré muy puta, pero tú nunca serías hijo mío, porque además de "hijo de puta", eres feo]

De otro planeta





Hay letras que nunca encuentran la palabra adecuada para dar un significado a su existencia. No se a qué vocabulario correspondió la mía, pero a veces carezco de consonantes para mis vocales, y otras muchas, al contrario, hay tantas vocales y tan pocas consonantes que tan solo soy capaz de producir un balbuceo...
El resultado correcto, o más bien, el equilibrio, siempre se encuentra en un contrapeso de elecciones, a veces matemáticas, a veces puramente metafísicas. Ese es el significado correcto, el futuro.

Hay notas musicales que nunca llegan a componerse. Hay trazos que nunca llegan a plasmarse sobre un lienzo. Hay personas que nunca llegan a cruzarse.

Puede que sea cuestión de tiempo, o incluso que el tiempo acabe venciéndome. Darme por vencido es, al fin y al cabo, cuestión de tiempo. La única llave para abrir el arcón de sueños que contengo está en una mano, y en la otra una carta de memorias que a veces me hacen llorar y otras reír. Bonita cuestión entonces. Vivir de recuerdos o de sueños.

En una ocasión miré a la ventana, y pude verme a mí mismo bajo una tormenta poco usual. Entonces me pregunté ¿Es mi sombre, o es mi estela?

Lo comprendí. Yo era de otro planeta.

Soulmate




Incompatible, no importa como,
porque alguien está atado a escucharme llorar,
grítalo si quieres, tú no eres fácil de encontrar.

¿Es posible que tú, "amor", estés dentro de mi vida,
justo aquí delante o quizás disfrazado?

¿Quién no está lejos para sostener a quien ama?
¿Quien sabe amar sin ser nombrado?

Alguien preguntó por qué andaba por mi camino
si hay un alma gemela para cada persona.

Aquí vamos otra vez, los círculos nunca terminan
¿Cómo encontrar el perfecto?
Es suficiente para muchos,
pero yo sigo esperando en la línea.

¿Quién no está lejos para sostener a quien ama?
¿Quién sabe amar sin ser nombrado?

La mayoría de relaciones son transitorias
Todas son buenas, pero ninguna permanente.

Alguien me preguntó una vez, por qué andar por tu propio camino...

... Si hay un alma amiga para cada persona.

El bucle de la Cordura.


Creamos a medias tintas, concedemos el don de la palabra a unos oídos que desean escuchar, nos enredamos en las maravillosas vistas que nuestros ojos nos conceden, y a la mañana siguiente, todo ha desaparecido. No hay alma ya en este mundo destructivo. Protegeos, corazones, porque pocos quedan ya que no estén rotos.


Se han roto ya vuestras voces. Las luces que tomais por realidad son tan solo ilusiones que no tienen cabida ya en estas tierras. Se resquebrajan las esperanzas, porque en el fondo solo hay grietas ya en la superficie, y calan, calan tanto que hasta el alma ya es oscura, confusa, indecisa. No hay amor en los recuerdos ni el futuro. Y el presente no es tan solo lo que veis.

Somos lunas, dos caras por persona y más de un corazón helado. Girando alrededor de lo que parece un bucle estático, inerte, silencioso, mortalmente aburrido. Y todos, absolutamente todos, caemos alguna vez.

Protegeos, corazones, porque pocos quedan ya que no estén rotos.

Maniatados, imprecisamente colocados sobre un escenario sin telón donde la función comienza y termina en el mismo punto. Somos polvo, y en polvo nos convertiremos. Nuestra audacia nos permite recordarlo, y es justo entonces cuando las grietas que hemos ido acumulando en nuestros corazones, los recuerdos, los sentidos, las emociones... Se hacen polvo de nuevo.

Entonces, si al final somos nada, y de la nada surgimos ¿Por qué no desgarrarnos y probar suertes, desafiando al azar y a la muerte, a la inexistencia misma dentro de un mundo resuelto de poder y desconfianza?

Somos polvo, y nacemos de un polvo; y en eso consiste el desgarro más básico. Un jodido polvo que en la mayoría de los casos no significa absolutamente nada, pero que al final, mísera respuesta de un destino desafiado y rencoroso, peca de ser un verdadero lastre por el que debemos luchar, resignarnos, convertirnos en polvo.

No hubo protección para el mío. Yo creo en el amor.